La valoración y tratamiento incorrectos de la crisis asmática han sido señalados como causas del aumento en la morbilidad y mortalidad del asma; por esta razón, diversas sociedades neumológicas han elaborado y difundido normativas de actuación que facilitan la toma de decisiones y evitan fallos terapéuticos innecesarios. El objetivo del presente trabajo ha sido examinar el cumplimiento de estas normativas en el área de urgencias de nuestro hospital, comparando la actuación de especialistas neumólogos (N) con otros especialistas (OE) que trabajan en el servicio de urgencias. Revisamos 117 registros de pacientes ingresados por crisis asmática durante 1994 (87 mujeres y 30 varones; edad media 46 años); 37 enfermos fueron tratados por N y 80 por OE. La valoración inicial de la gravedad de la crisis mostró deficiencias importantes, especialmente en la recogida de los signos vitales, existiendo diferencias significativas entre N y OE (p<0,05) en el examen de algunos signos como la utilización de musculatura accesoria (el 38 frente al 10%) o la presencia de cianosis (el 81 frente al 55%). La existencia de factores asociados a riesgo de asma fatal fue recogida sólo de forma ocasional. Los medidores de flujo espiratorio máximo se emplearon únicamente en 5 enfermos, valorados por neumólogos; por el contrario, la gasometría arterial se realizó en un 97% de los pacientes, aunque sólo el 24% tenían criterios que justificasen su indicación. El tratamiento, valorado según las normativas, fue incorrecto en el 24% de los pacientes, sin que se encontraran diferencias entre N y OE. Concluimos que: a) la valoración clínica y tratamiento en urgencias de pacientes ingresados por crisis asmática se realiza de forma inadecuada en un amplio porcentaje de pacientes, incumpliendo habitualmente las recomendaciones de los protocolos de consenso, y b) aunque existen algunas diferencias en cuanto al manejo de estos pacientes, por parte de neumólogos y otros médicos de urgencias, éstas no implican globalmente un cumplimiento mejor.
Improper assessment and treatment of asthma attacks have been identified as causes of increased morbidity and mortality: several pneumological societies have therefore created and published guidelines for facilitating decision making and for preventing unnecessary failures of therapy. The objective of this study was to examine emergency department compliance with such guidelines in our hospital, comparing the performance of pneumologists and other specialists. We reviewed the records of 117 patients treated for acute asthma attacks in 1994 (87 women and 30 men, mean age 46 years); 37 patients were treated by pneumologists and 80 by other specialists. The two physician groups differed significantly with respect to initial assessment of severity, particularly in the recording of vital signs (p<0.05) and in the examination of some signs such as the use of accessory musculature (38% versus 10%, for pneumologists and other specialists, respectively) or the presence of cyanosis (81% versus 55%). Other factors associated with risk of death were noted only occasionally. Peak flow meters were used with only 5 patients, all examined by pneumologists; on the other hand, arterial blood samples for gasometric measurements were taken from 97%, although only 24% met the criteria stipulated in the guidelines. Treatment evaluated against the guidelines was incorrect in 24%, with no significant differences between pneumologists and other specialists. We conclude that: 1) the emergency clinical assessment and treatment of patients presenting with acute asthma attack is inadequate for a large proportion of patients, as the recommendations of consensual guidelines are habitually ignored, and 2) although there are differences in the management of these patients by pneumologists and other emergency room specialists, the former do not generally do a better job of following the guidelines.